
Hay un momento en todos los eventos que es igual.
La gente llega, mira alrededor y busca su sitio… Y durante unos segundos, nadie sabe muy bien qué hacer.
Algunos se sientan rápido, otros esperan a alguien conocido, otros sacan el móvil sin pensarlo… y parece que todo empieza lento.
Pero no es verdad.
La gente empieza a relajarse y las conversaciones aparecen sin esfuerzo, es más, se escuchan risas en mesas que hace cinco minutos estaban en silencio y sin saber muy bien cómo, el espacio empieza a tener vida propia.
No es casualidad.
No depende solo de quién viene, ni de si la gente es más o menos abierta, ni de si hay “buena energía”. Depende de algo mucho menos visible, que quizás nunca has pensado, y que suele ser invisible;
El ESPACIO, de cómo están colocadas las mesas, de si puedes ver a otros sin sentirte expuesto, de si hay pequeños puntos de encuentro sin obligación de usarlos, de si la conversación tiene dónde empezar sin que nadie la fuerce,
Hay detalles que no se notan… pero lo cambian todo.
Una mesa compartida en lugar de grupos cerrados, una luz que acompaña en lugar de aislar, una disposición que invita a mirar alrededor sin incomodidad, un ritmo que no empuja pero tampoco deja todo al azar… y entonces pasa lo importante:
La gente deja de actuar como “personas que han venido a un evento”, se sueltan y comienzan a estar como ellos son,
Sin filtros.
Sin guion.
Sin presión.
No diseñamos eventos para que todo sea perfecto, diseñamos espacios donde algo pueda pasar.
Y cuando pasa… no me digáis porque, nunca es casual.
Laura Mediano
Co-fundadora de Sin Filtros
