
La gente cree que las relaciones terminan cuando alguien se va.
La nuestra terminó meses antes, solo que ninguno de los dos quiso admitirlo.
Nos conocimos un jueves cualquiera, de esos días que no prometen nada y terminan cambiándote la vida sin permiso. La conversación fue fácil desde el principio, demasiado fácil la verdad, como si ya nos hubiéramos conocido antes en otra vida o en otro momento donde ambos estábamos menos rotos.
Durante meses fuimos eso que todo el mundo envidia.
Nos elegíamos rápido, nos buscábamos siempre, nos dormíamos en llamada cuando no podíamos vernos.
Hicimos planes para dentro de años cuando todavía ni siquiera sabíamos discutir.
Y quizá ese fue el problema.
Nos enamoramos antes de conocernos de verdad, porque conocer a alguien de verdad no ocurre cuando todo va bien, esas cosas ocurren cuando llegan los silencios, cuando uno necesita espacio y el otro necesita más amor o cuando el cansancio empieza a hablar más alto que las ganas.
Ella empezó a apagarse poco a poco.
No de golpe, no de forma dramática, pero ya dejó de contarme cosas.
Y yo, en lugar de preguntarle qué pasaba, empecé a actuar como si no me afectara. ¡Qué peligrosos son los orgullos pequeños!
Las llamadas se hicieron más cortas, las respuestas más frías y las conversaciones empezaron a sonar como tareas pendientes.
Pero seguíamos diciendo “te quiero”.
Recuerdo perfectamente el día en que entendí que ya no estábamos bien, no hubo gritos, ni traiciones, ni siquiera peleamos. Íbamos en el coche después de cenar y sonó nuestra canción.
La que antes nos hacía cantar como idiotas, pero en ese momento ninguno dijo nada.
Entonces, ahí entendí todo.
Intentamos salvarlo después de eso con más citas, más conversaciones incómodas y más promesas que no llevaron a nada.
Pero una relación no se rompe de repente, se desgasta lentamente mientras dos personas intentan fingir que todavía sienten exactamente lo mismo.
La ruptura llegó un martes.
Lloramos mucho, muchísimo, pero lo más triste es que una parte de nosotros ya había llorado todo eso meses antes.
Ella me dijo: “No sé en qué momento dejamos de encontrarnos.”
Y todavía hoy sigo pensando en esa frase…pienso que el amor no siempre termina por falta de amor. A veces termina por acumulación de distancia, por cansancio, por no hablar, por esperar demasiado y creer que querer a alguien automáticamente basta para sostenerlo todo.
Y no.
A veces dos personas se aman sinceramente… y aun así no saben cómo quedarse.
ANÓNIMO
